Miércoles, 17 Oct 2018
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Contexto Histórico de la Parroquia Colonche. PDF Imprimir E-mail

 

La península de Santa Elena estuvo habitada mucho antes de la llegada de los españoles. Se conoce que desde hace 10000 A.C. la Península era ocupada por la cultura Las Vegas. A través de los años en el territorio de la península de Santa Elena se desarrollaron las principales culturas de nuestro país, como la cultura Valdivia, reconocida mundialmente por poseer la cerámica más antigua del hemisferio occidental; y otras como Machalilla, Chorrera, Manteño Huancavilca, Jama Coaque o Guangala.

Luego, Santa Elena en la prehistoria fue habitada por las tribus de los colonches, chanduyes y chongones, pueblos que formaron parte de la provincia Huancavilca, quinta provincia del Reino de los Shyris, que luego fueron sometidos por los españoles desde su desembarco en territorio ecuatoriano en 1525.
La descripción del pueblo de los “Colonchis”, como se llamaba en esa época a los habitantes de ese territorio, fue hecha por el viajero y cronista italiano Girolano Benzoni, en sus relatos sobre la Historia del Mondo Nuovo (1547-1550):

"   Yo he visto varias veces al señor de este pueblo que podía tener la edad de sesenta años y era de aspecto verdaderamente señorial; tenía el cuerpo robusto y sanísimo; iba vestido con una camisa sin mangas, teñida de rojo y al cuello llevaba un collar de seis vueltas, de oro finísimo, trabajado en forma de gruesos corales; en la mano tenía un anillo y las orejas, también horadadas, estaban llenas de oro y joyas; en el brazo izquierdo, cerca de la mano, traía, para conservar la vista, una piedra brillante como si fuera un espejo. Al tiempo que los españoles entraron a este país, dominaba la dicha provincia un señor llamado Baltacho, muy honrado y que ejercía tanta autoridad sobre sus vasallos que cuando alguien iba a visitarlo nunca se ponía de pie, a menos que divisara la persona de Colonchie. A este último cacique no hubo imposición que pudiera hacerle admitir la ley divina, pues habiéndole dicho cierto día a su amo, estando yo presente: Colonchie, yo quiero que tú te hagas cristiano, le contestó que de ninguna manera quería serlo, agregando; Señor ya soy viejo para ser Cristiano; escoged mejor a mis hijos lo que os plazca y parezca bien, que ellos os servirán tal como lo deseáis, pero yo no quiero abandonar la ley de mis mayores".


Los estudiosos han reconocido a los manteño-huancavilcas como una confederación de mercaderes, expertos navegantes que compartían el territorio con otros grupos sociales, con diversidad de idiomas o dialectos e intercambios entre sí. El autor Jijón y Caamaño se refiere a una “Confederación de Mercaderes del Sur”, de mercaderes navieros que llegaban a Perú y a México, llevando mullos elaborados en concha Spondylus y objetos de oro, plata, cobre y obsidiana. El mismo cronista Sámano-Xerez los describe como “muy entendidos”, elaboradores de mantas de lana y algodón, poseedores de animales domésticos y aves, grandes orfebres, con pueblos de calles bien trazadas, dedicados también a la siembra de hortalizas y que tienen “mucha orden y justicia entre sí”, y que las mujeres son “bien ataviadas y todas por la mayor parte labranderas”. También se sabe que sembraban maíz, yuca, maní, algodón, ají, cacao, tomate, tabaco, y que no solamente habitaban la franja litoral sino la costa interior donde construían terraplenes con basamento de piedra, cuyos vestigios se han encontrado en valles y laderas de los montes tierra adentro, como son las pendientes del cerro de Hojas.


En sus años de bonanza, en la zona se criaba ganado vacuno, porcino, mular y yeguarizo, se producía queso, mantequilla y natilla, se comerciaban diferentes maderas, carbón, lana de ceibo, cera y miel de tierra, telas de algodón, elementos de cuero curtido, sombreros de paja toquilla, bordados, escobas y en menor medida cerámica y orfebrería; hoy en día, los problemas socioeconómicos y sobretodo la falta de agua y oportunidades de trabajo ha llevado a estas poblaciones a migrar fuera de sus territorios, y buscar trabajo en núcleos urbanos cercanos como La Libertad, Santa Elena o Salinas. Es decir que estas poblaciones, que en la actualidad subsisten con graves problemas de carencia de servicios como: agua potable, alcantarillado o educación, se remontan históricamente a sociedades que desde hace miles de años conquistaron mares ignotos llegando a lejanas orillas para dar lineamientos culturales que se impregnaron en esos pueblos; y que hoy pueden ser denominados la gran Nación Chola de nuestro país.

Luego de la expansión española en nuestro territorio, se conoce que las comunidades existentes tuvieron la posibilidad de comprar las tierras comunales que el coloniaje les había expropiado y que incluso algunas comunidades han preservado a través de los años, las actas o escrituras que dan fe de esta compra.
Por un juicio de 1824 seguido por el Cura de Colonche Manuel Rivadeneira, se sabe que esta población fue fundada al pie del mar, pero después la retiraron hacia Olón, en el interior, para precaver ataques de los piratas. Nuevamente la cambiaron de sitio a Adaucao, para finalmente asentarla donde hoy está, entre los dos ríos Javitas. En 1824 tenía 177 granjas y se cosechaban papas, garbanzos, anís, granadas y caña de azúcar; también estaba cruzado por varios ríos de montaña, de poca profundidad, pero con numerosos peces.